Rodrigo, transmisor de energía positiva

Mirándose a los ojos, con las manos sobre los hombros de los compañeros contiguos, y con un corazón que late a mil por hora: el ritual de los jugadores de Tailandia siempre es el mismo antes de entrar en acción.

Todos ellos afrontan una misión bajo el mando de un hombre: Miguel Rodrigo, conocido en el mundo del fútbol sala por su sabiduría táctica. Sin embargo, el técnico español está guiando a sus discípulos en la Copa Mundial de Fútsal de la FIFA Colombia 2016 con otra arma.

“Quiero crear una conexión emocional entre los jugadores por una causa que los transciende. Hay que jugar para uno mismo, pero sobre todo para los demás. Hay muchísimas personas que creen y sueñan a través de ellos”, subraya a FIFA.com Rodrigo.

El técnico tomó las riendas de Tailandia dos meses antes de la cita colombiana, con la esperanza de reeditar la hazaña lograda cuatro años antes en casa: una plaza de octavofinalista en un Mundial. Desde entonces, ya nada será como antes para el fútbol sala tailandés. Habrá un antes y un después de 2012.

Rodrigo, que se proclamó dos veces campeón de Asia durante su aventura de casi siete años en Japón, no ha tenido tiempo de imponer su sello técnico en el juego de sus nuevos pupilos. Por tanto, ha buscado implantar su revolución en las cabezas.

“Quería cambiar las mentalidades. Mis jugadores son a veces muy emocionales. Comprendí enseguida que debía canalizar lo mejor posible esa energía”, explica antes de detallar su método. “Ese círculo energético al principio del partido es esencial para mí. Constituye un elemento de mi enfoque. El tacto es la mejor forma de transmitirse una energía positiva. Así es como se conectan nuestros corazones y nuestras mentes”.

No “simplemente” un Mundial más Una actuación de Tailandia es la garantía de ver un espectáculo peculiar en el banquillo. El instructor FIFA de fútbol sala, hiperestimulado, se pasa parte del partido de espaldas a las idas y venidas del balón, compartiendo sus observaciones tácticas con sus jugadores. Todo ello con una gestualidad profesoral y expresiva que transciende la barrera del idioma.

“Siempre están muy a la escucha. Aunque la táctica se desarrolla sobre todo en el hotel, en mi opinión, el resto se desarrolla en la cabeza. Yo siempre hablo de la familia antes de un partido. Compartimos historias personales para crear un vínculo, con el fin de superarse”, se cuida de precisar.

La receta ha dado ya sus frutos. Tras una derrota con la cabeza bien alta contra Rusia (4-6), los tailandeses maravillaron a su gente encadenando dos triunfos contra Cuba (8-5) y Egipto (2-1). Seis puntos en la fase de grupos que suponen un récord para Tailandia en la historia de la competición, pese a un total de cinco participaciones. “Han escrito la historia, y se lo merecen. Sencillamente, es la justa consecuencia de su trabajo”, insiste el técnico español.

Los tailandeses se han ganado el derecho a escribir un nuevo capítulo en su relación con la cita mundialista en su choque de octavos contra Azerbaiyán en Medellín, una sede que de momento se le ha dado muy bien.

“Este Mundial no debe ser ‘simplemente’ un Mundial más. Debemos convertirlo en algo especial”, sostiene, con ese entusiasmo que lleva en las venas. “Quiero inculcar en la cabeza de mis jugadores la convicción de que todo es posible. No deben ponerse el más mínimo límite”, concluye con una sonrisa en los labios, imaginando la energía positiva que una nueva gran actuación transmitiría a todo el pueblo tailandés.