Mammarella, más que una historia de peso

  • Mammarella, qué trasero más grande: ¡a la portería!

Stefano Mammarella tenía seis años cuando su entrenador de aquella época le lanzó esa pulla. Pero obedeció sin rechistar, e Italia no ha dejado de congratularse por ello. Sin embargo, tras ese inicio surrealista en el deporte rey vinieron una progresión continua hasta llegar a lo más alto y una sucesión de capítulos felices. “Mi antiguo entrenador siempre está encantado de reencontrarse conmigo. Hace unos años incluso me pidió que hiciese una visita a una escuela de fútbol, para ver a los niños “, recuerda orgulloso en esta entrevista con FIFA.com.

El arquero ya no abandonaría esa demarcación, a partir de entonces su predilecta. Y el verdadero cambio de rumbo se produjo a los 15 años, cuando pasó del fútbol al fútsal. Fue una revelación. A Mammarella le gustaban los espacios más pequeños, y su nuevo deporte preferido era el lugar ideal para encontrarlos.

Tras estrenarse con la Squadra Azzurra en 2008, no dejó de crecer, hasta adjudicarse el Guante de Oro adidas al mejor guardameta de la Copa Mundial de Fútsal de la FIFA Tailandia 2012, al que siguió el título de la Eurocopa de fútsal de 2014.

De todos es sabido que el talento resulta indispensable para protagonizar una gran carrera, aunque por sí solo no basta. Mammarella posee además una mentalidad excepcional, que ya dejó entrever en su infancia. Y la humildad atempera su confianza. Sencillamente, es consciente de sus recursos.

“No estoy acostumbrado a juzgarme a mí mismo, prefiero que lo hagan los demás. Pero, modestia aparte, creo que mi trayectoria lo dice todo, y que puedo considerarme uno de los mejores porteros del fútsal del momento”, precisa el jugador, de 32 años, que admira a varios compañeros de puesto, especialmente a Higuita, su colega de Kazajstán. Sin problemas con su apodo Mammarella ha adquirido otra dimensión desde que dio sus primeros pasos, pero hay una realidad que no cambia. “Me llaman Cucchiaio , porque me gusta comer, aunque me vigilo...”, insiste, haciendo hincapié en que se cuida. Y también ha convertido en una fortaleza ese sobrenombre, que no le desagrada.

Su peso fue un pretexto para situarse por primera vez bajo palos, y a día de hoy está convencido de que constituye una ventaja: son 92 kilos, por una estatura de 1,77 metros. “Este sobrepeso es una suerte. Espero seguir así hasta el final de mi carrera. Me da potencia y explosividad para hacer paradas imposibles”, asegura.

Y resulta difícil no darle la razón, si nos atenemos al lugar que ocupa en una selección que no abandona el podio desde su regreso a la escena mundial, en 2004. Italia fue subcampeona del mundo en Chinese Taipei 2004 y tercera en Brasil 2008 y en Tailandia 2012.

En Italia, para un guardameta son inevitables las comparaciones con otro grande. “Sueño con una trayectoria como la de Gianluigi Buffon y seguir jugando durante mucho tiempo más. Me doy cuenta de que el tiempo pasa y de que cada día me acerca al final, pero me gusta tanto este deporte que quiero prolongar mi carrera lo máximo posible, dando lo mejor de mí”.

Y sus compatriotas pueden agradecérselo, ya que Italia volverá a codearse con la flor y nata del fútsal en Colombia, del 10 de septiembre al 1 de octubre próximos. Después de alcanzar el podio en las dos últimas citas mundialistas, la ambición parece clara: mejorar el desempeño de Tailandia. ¿Es eso realista? “Yo soy optimista. Más allá de la calidad, contamos con el mismo plantel desde hace muchos años, y la selección rebosa experiencia”.

Las diferencias de nivel son cada vez menos acusadas tanto en el fútbol como en el fútsal. La época en la que bastaba con salir a la pista para ganar ha quedado atrás. “Ya no hay equipos verdaderamente inferiores. Por ejemplo, nosotros somos favoritos en la fase de grupos, pero Vietnam, Guatemala y Paraguay van a plantearnos dificultades”, advierte, consciente de que el fútsal puede decidirse por el más mínimo detalle. Como unos kilos de menos... o de más.