Sermanni: "El espíritu de Nueva Zelanda significa que podemos ganarle a cualquiera en un buen día"

14 jul. 2021
  • FIFA.com charla con Tom Sermanni, seleccionador de Nueva Zelanda, antes de Tokio 2020

  • El combinado neozelandés se medirá a Australia, Estados Unidos y Suecia

  • Las coanfitrionas de la Copa Mundial Femenina de 2023 no han tenido una preparación fácil

Pocos entrenadores atesoran más experiencia en el fútbol femenino internacional que Tom Sermanni, seleccionador de Nueva Zelanda. El escocés ha participado en cuatro ediciones de la Copa Mundial Femenina de la FIFA™ como técnico principal, y fue asistente de la selección anfitriona en Canadá 2015. Sin embargo, y aunque resulte sorprendente, este va a ser su primer Torneo Olímpico de Fútbol Femenino.

Sermanni, que dirigió anteriormente a los combinados nacionales de Australia y Estados Unidos, afronta un reto mayúsculo en Tokio 2020. Encuadradas con Estados Unidos, Suecia y Australia, las Football Ferns no han podido disputar ningún partido internacional desde principios de 2020.

A una semana de su debut contra Australia, coanfitriona de la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2023™, Sermanni cuenta a FIFA.com las dificultades que han tenido para prepararse de cara a Tokio 2020, las virtudes de su equipo y la experiencia única que suponen unos Juegos Olímpicos.

FIFA.com: ¿Cómo se encuentra el equipo ahora que está en Japón y listo para su primer duelo internacional en mucho tiempo?

Tom Sermanni: Uno de los valores principales de esta selección es que contamos con un grupo de futbolistas que llevan mucho tiempo jugando juntas y disfrutan de estar juntas. Por otra parte, tenemos un grupo de jóvenes que vienen pisando fuerte y que generan una mezcla muy positiva en la selección. En este sentido, la transición futbolística se vuelve mucho más fácil gracias a esa conexión que existe entre las jugadoras.

¿Hasta qué punto les ha limitado la preparación el hecho de no jugar durante tanto tiempo?

Obviamente, la preparación es clave de cara a un gran torneo, y ha sido un periodo muy complicado para nuestra selección. Pero es lo que hay, y esta es quizá la ventaja que tiene ser un veterano como yo: vengo de un mundo en el que debíamos centrarnos en hacer nuestro trabajo, independientemente de cuáles fueran las circunstancias. Por lo tanto, prefiero no hacerles demasiado caso a esos aspectos. Todo es cuestión de aprovechar lo mejor posible el tiempo del que disponemos. Es tan sencillo como eso.

Están en un grupo difícil. Probablemente, el más complicado de los tres...

Bueno, lo cierto es que cualquier selección que esté entre las 20 mejores del mundo puede plantearte un partido difícil, igualado y exigente, y estamos acostumbrados a eso. Lo bueno de Nueva Zelanda es que, gracias al compañerismo que hay en el vestuario y a la actitud que tiene este país —y también Australia—, no importa a quién se enfrente, porque siempre sabes que las jugadoras lo van a intentar y que vas a tener posibilidades de ganar.

Nueva Zelanda ha dado un paso al frente y ha conseguido buenos resultados a lo largo de estos años contra selecciones excelentes. Por eso creo que no importa demasiado si nos enfrentamos a la número seis del mundo o a la número 16, porque será un encuentro difícil en cualquier caso. Si todos, cuerpo técnico y futbolistas, cumplimos con nuestro deber, podemos sacar un buen resultado contra cualquiera.

En vistas a 2023, ¿cómo están evolucionando las jugadoras más jóvenes?

Este ha sido un reto aún mayor, porque hemos estado 16 meses trabajando con un programa redundante. Antes de mi llegada al banquillo en 2018, el programa había estado prácticamente inactivo durante unos nueve meses. Es decir, que durante buena parte de estos tres últimos años no hemos podido expandir el programa ni dar a nuestras jóvenes futbolistas las oportunidades que habríamos podido darles en circunstancias normales.

En condiciones normales, si los Juegos Olímpicos se hubieran celebrado en 2020, ese periodo de 18 meses entre mediados del 2020 y finales de este año habría sido crucial para fijarnos en las jugadoras jóvenes y ponerlas a prueba. Esto habría reforzado la selección y habría dado experiencia a las futbolistas, porque no estaríamos pensando en llegar a punto a un gran torneo. De modo que es una etapa fundamental de la preparación que, desafortunadamente, se ha perdido. Por lo tanto, la labor que tenemos por delante es inmensa.

¿Estar en los Juegos Olímpicos le suscita emociones distintas a la Copa Mundial?

En estos momentos aún no, porque, debido a la pandemia, todo el mundo está aislado, preparándose a distancia para el torneo. Además, no tenemos la oportunidad de integrarnos con la gente ni podemos disfrutar de todos esos pequeños detalles que hacen de los torneos algo tan especial. Ahora mismo es difícil comparar estos Juegos Olímpicos con otros, pero seguro que cuando lleguemos a la Villa Olímpica todo será muy distinto. Esa energía que sientes al estar rodeado de deportistas de otras disciplinas y de participar en un evento así será, sin duda, muy positiva.

Después de tantos años, estos van a ser sus primeros Juegos Olímpicos. ¿Qué le parece?

Han tardado en llegar, pero ya tengo muchas ganas de entrar en la Villa Olímpica y vivir ese ambiente tan extraordinario.

¿Cuáles son sus recuerdos más especiales de los Juegos Olímpicos?

Fui responsable del operativo técnico en los Juegos de Sídney 2000,y me encargaba del terreno de juego y de otros aspectos técnicos. Aquello me permitió vivir por primera vez el ambiente olímpico. En términos futbolísticos, estuve en los Juegos de Atlanta 1996 y recuerdo muy bien la final femenina entre China y Estados Unidos, así como la semifinal masculina en la que Nigeria remontó contra Brasil y acabó ganando 4-3, con Nwankwo Kanu como gran estrella. Guardo muy buenos recuerdos de esos dos partidos.