Eto’o: Nuestra generación está viviendo el mayor reto de su vida

Por Samuel Eto’o, embajador mundial del Comité Supremo (SC) de Catar 2022

Hasta ahora, 2020 ha sido un año como ningún otro que hayamos vivido. Mientras el COVID-19 se extiende por continentes, países y comunidades en todos los rincones del planeta, es justo afirmar que nuestra generación nunca antes se había enfrentado a nada semejante.

Por eso, antes de comenzar este artículo, me gustaría acordarme especialmente y enviar mis oraciones por todos los que se han visto afectados por este terrible virus, así como expresar mi gratitud a todos los que trabajan en sectores clave para cuidar a los que están enfermos; especialmente a los trabajadores sanitarios en primera línea que están arriesgando sus vidas cada día por todos nosotros.

Vayan también unas palabras de elogio para todos los que trabajan en otros sectores (supermercados, farmacias, limpieza, personal de aviación y un largo etcétera) haciendo todo lo posible para mantener una relativa normalidad en nuestras vidas durante estos tiempos difíciles.

A los deportistas se nos suele describir como héroes en los medios de comunicación, pero lo que hacemos se vuelve insignificante cuando ves lo que estas personas de todo el mundo han hecho durante las últimas semanas y meses; ellos son los verdaderos héroes, y mi corazón está con todos ellos.

De hecho, es en momentos como estos cuando el deporte parece irrelevante. Ligas, campeonatos y otras competiciones han sido acertadamente pospuestas por todo el mundo. Aunque, obviamente, se trata de una medida necesaria, considero importante decir –aun sin querer en ningún momento trivializar la situación– que, cuando todo esto se acabe, también debemos mirar hacia la alegría que puede traer el deporte a nuestra comunidad mundial. Mientras que este virus ha dividido y aislado, el deporte puede unir y conectar.

Mi amigo y también embajador del SC Tim Cahill escribió recientemente sobre el poder unificador que pueden tener los grandes acontecimientos como la Copa Mundial de la FIFA™ y los Juegos Olímpicos a la hora de reparar el corazón y el espíritu. No podría estar más de acuerdo con Tim, y quiero hacerme eco de sus palabras y sentimientos aquí.

El fútbol fue mi válvula de escape

Recuerdo mi propia infancia en África. Nací en una familia de siete. Crecí en una localidad cercana a Yaundé, la capital política de Camerún, y viví allí hasta que tenía 7 u 8 años. Entonces mis padres se mudaron a Douala, que es la capital económica, después de que mi padre aceptase un trabajo como contable para una gran empresa constructora.

Como otros miles de millones de personas, crecí jugando al fútbol en la calle con otros niños. Todos juntos, cada día… La vida giraba en torno a quedar con mis amigos y darle patadas a un balón. Esta terrible situación ha obligado a todos a estar dentro de casa. Para muchas de esas personas, el fútbol es su válvula de escape (de la pobreza, de la soledad, de la tristeza), y quitárselo resulta muy doloroso. Pero es un sacrificio que debe hacerse para ayudar a los más vulnerables en nuestras sociedades.

Mi infancia era fútbol, fútbol y más fútbol

Durante la pandemia, he estado pensando en los recuerdos maravillosos que me dejó el fútbol durante mi niñez. Vivía y respiraba fútbol; pero mis padres eran muy duros conmigo. No aceptaban que jugase al fútbol porque, para ellos, el fútbol era algo a lo que jugaban los niños si no iban a la escuela. Lógicamente, yo sí iba a la escuela, y no era un mal estudiante, pero tenía una pasión, que era el fútbol.

Recuerdo perfectamente un día que jugué un partido en mi ciudad y tuve que esconderme para ir a jugar. Lo que no sabía era que mi padre estaba con unos amigos en el bar de enfrente del campo. Todo lo que hice ese día en ese partido me dio mi ‘pase’ para jugar al fútbol libremente. Porque mis padres no sabían [hasta ese momento] que yo parecía tener un talento innato para este deporte.

Después de ese partido, era el héroe de mi barrio. Ese día, cuando volví a casa, mi padre llegó un poco más tarde y me dijo: “Eres muy bueno; he visto tu partido hoy. Voy a hablar con tu madre para que puedas seguir jugando”.

Así es como me dio un ‘pase’ para seguir jugando. Tenía unos 12 o 13 años. A partir de ese momento, no hubo vuelta atrás. Tenía el beneplácito de mi padre, y no se me podía apartar de ese campo de fútbol. Ni de día ni de noche. Fue uno o dos años antes de marcharme a Europa y, a partir de ahí, mi vida cambió para siempre.

Superar las adversidades

En el presente, debemos pensar solamente en sobrellevar juntos este periodo. De niño (como otros millones de niños) aprendí a cómo superar las adversidades; problemas que daba la sensación de que nunca acabarían, túneles que no parecían tener una luz al final y, a veces en los países nuevos, aislamiento.

Todos estos son sentimientos y emociones que estoy seguro de que muchos de nosotros hemos estado sintiendo últimamente, con relación a esta actual pandemia.

Sin embargo, me acuerdo de mi actitud entonces, y me baso en algunas de esas características que desarrollé mientras trabajaba duro para abrirme camino en el mundo de joven. Algunos de esos procesos mentales resultan valiosos ahora.

Resistir y seguir pensando: “Esto no es para siempre; pronto las cosas cambiarán y, cuando lo hagan, debemos estar preparados… y nunca volveremos a dar por sentadas las pequeñas cosas de la vida”.

Hay muchas cosas que nos ayudarán a superar esto. Pequeños actos de bondad (con los vecinos, los amigos, los seres queridos) pueden significar un mundo para gente que pueda estar sintiéndose sola, aislada, aburrida o inactiva.

Una vez que las cosas mejoren, el deporte (y en particular el fútbol) desempeñará un papel importantísimo a la hora de volver a unir a la gente y levantar la moral.

También ha sido alentador ver tantas iniciativas que están cuajando por Internet. Vi las sesiones de entrenamiento virtuales de Generation Amazing que comenzaron hace poco. Como dije anteriormente, que me hubiesen quitado el fútbol cuando era niño habría sido inconcebible para mí.

Por eso es admirable que el programa Generation Amazing (del cual puedo decir orgulloso que soy un embajador) se haya mostrado tan proactivo a la hora de garantizar que los jóvenes de Catar y de todo el mundo tengan una vía de escape para hacer ejercicio, jugar al fútbol y seguir sintiéndose conectados al Mundial. Tengo muchas ganas de volver a implicarme en el programa (por Internet y en persona) en un futuro cercano.

Pero por ahora, realmente se trata de ir día a día. Por eso, quisiera concluir esto diciendo a todos: manteneos a salvo, quedaos en casa y disfrutad del momento con vuestros seres queridos. Y cuando todo esto se acabe, unámonos y mostremos al mundo cómo el fútbol puede ser su mayor fuerza unificadora.