El comienzo de la magia de los magiares

3 jun. 2020
  • Hungría pasó 31 partidos sin perder entre 1950 y 1954

  • Aquella secuencia de récord empezó hace hoy 70 años

  • Llegó a su fin en la famosa final del Mundial de 1954

Los partidos amistosos de selecciones rara vez suelen ser pasto de leyenda. Sin embargo, aunque en aquel momento nadie lo sabía, hace hoy 70 años uno de esos encuentros acabaría siendo verdaderamente histórico.

Si bien el resultado —un triunfo por 2-5 de Hungría sobre Polonia en Varsovia— no fue en sí mismo algo extraordinario, la racha de imbatibilidad a la que dio inicio sin duda lo sería. Pasarían cuatro años, un mes y 31 partidos, un récord, hasta que el espectacular conjunto dirigido por Gusztáv Sebes conoció la derrota, un periodo en el que se proclamó campeón olímpico y provocó una revolución táctica.

“Éramos el prototipo del ‘fútbol total”, dijo Ferenc Puskás, capitán, estrella y principal artillero del equipo. Algunos, entre ellos el exseleccionador de Inglaterra sir Bobby Robson, fueron más allá, al insistir en que el Aranycsapat (“equipo dorado”) húngaro era superior a otros de mayor fama que lo sucedieron.

Así lo explicaba un claro homenaje que se le rindió en el periódico The Observer: “Los Magiares Mágicos eran tan sexis que hicieron parecer totalmente frígido al combinado neerlandés de Johan Cruyff de 1974”.

Sebes, que había sido organizador sindical en París y Budapest, describió de forma célebre aquel estilo de juego elaborado y cohesionado como “fútbol socialista”. “Cuando atacábamos, atacábamos todos”, señaló Puskás, “y en la defensa igual”. Aun así, había margen para el individualismo, y los tres integrantes del increíble triunvirato ofensivo de Hungría alcanzaron la categoría de ídolos.

Nándor Hidegkuti

El escurridizo Hidegkuti, que actuaba de mediapunta, era una pieza fundamental del revolucionario sistema de Sebes. “Era un gran futbolista, sabía leer el juego de forma maravillosa”, afirmó Puskás acerca del más veterano de los tres. “Era perfecto para ese puesto, justo por delante del mediocampo, enviando pases certeros, descolocando a la defensa contraria y haciendo internadas fantásticas para marcar él mismo”.

Sándor Kocsis

Kocsis, conocido como Cabeza Dorada, pudo presumir de ser el atacante más mortífero de la historia de la Copa Mundial de la FIFA™, al marcar 11 goles en apenas cinco partidos en Suiza 1954. “Nunca ha habido nadie mejor de cabeza”, dijo Gusztáv Sebes para describir a su potente delantero. “Pero también era un delantero muy completo, que conservaba el balón arriba y podía rematar con las dos piernas”.

Ferenc Puskás

Y, por supuesto, cómo no mencionar al hombre autor de 83 tantos en 84 internacionalidades, cuya calidad estaba a la altura de su sensacional cantidad. “Anotó infinidad de goles después de haber regateado al rival en huecos que no existían”, apuntó Hidegkuti para elogiar a Puskás, el querido Comandante Galopante de Hungría.

Oro en Finlandia y fama en Inglaterra

Pese a la calidad de sus figuras, Hungría aún era una relativa incógnita en vísperas del Torneo Olímpico de Fútbol Masculino de 1952. El título conquistado en Helsinki, cuya guinda fue un 2-0 en la final sobre Yugoslavia, la catapultó a la fama.

“De repente, nos llovían los aplausos de la prensa internacional”, recordó Sebes. “En aquellos Juegos Olímpicos nos dimos a conocer al mundo entero”.

Al año siguiente, su nombre resonó con más fuerza todavía tras vencer a Inglaterra en Wembley en el que se dio en llamar Partido del Siglo. El periódico The Times informó asombrado de “una nueva concepción del fútbol”, mientras que Jackie Sewell, uno de los jugadores ingleses a los que había humillado el cuadro húngaro, lo describió como “de lejos, el mejor que he visto jugar nunca al fútbol”.

El equipo de Sebes ya había eclipsado el anterior récord mundial —los 22 partidos sin perder de Escocia en los años 1870 y 1880—, y siguió cosechando espectaculares resultados. Cuando volvió a vapulear a Inglaterra, endosándole un 7-1 en Budapest en mayo de 1954, todos lo daban como favorito indiscutible para adjudicarse el Mundial de aquel año.

International friendly between England and Hungary (3-6), played at Wembley, England, 25th November 1953

Y no hizo sino reforzar esa condición al golear de modo inmisericorde a la República de Corea (9-0) y la RFA (8-3) en la fase de grupos. Cuando alcanzó la final con sendas victorias por 4-1 sobre Brasil, subcampeón de 1950, y Uruguay, defensor del título, la conquista de la gloria parecía asegurada.

No obstante, como todos saben, y a pesar de llegar a ponerse con un 2-0 a favor frente a la selección alemana a la que ya habían hecho polvo en ese mismo torneo, los magiares terminarían perdiendo en el famoso “Milagro de Berna”.

Su sueño mundialista llegó así a su fin, y también la descomunal secuencia de imbatibilidad que había empezado 1.490 días antes en Varsovia.

Con todo, se mantendría como récord del mundo durante cuatro décadas, y otros que estableció —como su increíble registro de 27 goles en Suiza 1954— parecen insuperables. Y quizás más asombroso aún sea que los hombres de Sebes se recuperaron de aquella descorazonadora derrota en la final y encadenaron luego otra secuencia de 18 choques sin perder.

A su conclusión, Hungría pudo enorgullecerse de haber anotado 220 dianas en 51 partidos entre junio de 1950 y noviembre de 1955, así como de haber dejado una huella indeleble en la historia del fútbol.