¿Tú por aquí?

En su época de futbolistas, como lateral derecho y mediapunta respectivamente, Nelsinho Baptista y Muricy Ramalho pasaban innumerables horas juntos. En el decenio de 1970 compartieron habitación en las concentraciones del São Paulo durante seis años, un periodo en el que a buen seguro conversaron sobre miles de cosas del mundo del fútbol, y sin duda también de cuál iba a ser su futuro. Pero ni por asomo habrían podido suponer que, entre todos los reencuentros que ya han tenido desde entonces, uno de ellos sería en una situación tan especial como el partido de este miércoles 14 de diciembre en el estadio de Toyota.

Los antiguos compañeros de club se convirtieron en entrenadores de éxito en el fútbol brasileño, y como tales ya se han enfrentado varias veces. Sin embargo, nunca lo habían hecho con un puesto en la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA en juego, y además con la peculiaridad de que uno de ellos dirige a un equipo brasileño, el Santos, y el otro, Nelsinho, al Kashiwa Reysol, de Japón.

“Ahora mismo estaba comentándolo: la vida nos reserva algunas bromas, no creeremos las cosas hasta que nos pasen”, contó Nelsinho Baptista a FIFA.com después de que su equipo venciese al Monterrey en los penales de cuartos de final del torneo. “Recuerdo perfectamente la escena: yo, con 20 años, y Muricy, con 18, compartiendo cuarto en la concentración. Parece mentira que sean las mismas personas que ahora, 40 años después, están en esta situación tan importante para los dos. Estoy muy contento, porque este es un ambiente de victorias. Solo está aquí quien ha ganado algo”.

Paz oriental

El camino de Nelsinho hacia este ardid del destino no se despejó hasta hace diez días, cuando el Kashiwa Reysol conquistó un título inédito de la J.League, que consolidó su reputación como técnico en Japón. O, por lo menos, hizo que él mismo se diese cuenta del reconocimiento adquirido desde sus dos etapas anteriores al frente de clubes nipones, el Verdy Kawasaki, con el que ganó sendas ligas en 1994 y 1995, y el Nagoya Grampus, en 2005.

“Este tercer paso por el fútbol japonés me ha mostrado que tengo un respeto que, sinceramente, las otras dos veces aún no percibía. De ahí este aspecto más tranquilo”, sonríe, refiriéndose a un comentario sobre su placidez hecho al inicio de la entrevista. Y tampoco es para menos: la estabilidad no es precisamente una constante en la carrera de quien ha pasado ya hasta por 18 clubes brasileños, algunos en más de una ocasión. “Aquí estoy en paz de verdad. Al contrario de lo que sucede en Brasil, en Japón uno sabe que los contratos se firman para cumplirse. Y, claro, el hecho de estar ganándolo todo desde que he llegado también ayuda bastante”, bromea el entrenador de 61 años, que en dos temporadas consecutivas se ha adjudicado el título de la segunda división que devolvió al Reysol a la elite y, ahora, la J.League.

Esa tranquilidad pudo verse claramente el domingo, cuando Ryohei Hayashi transformó el último lanzamiento de la tanda de penales ante el Monterrey y clasificó a los japoneses para la semifinal ante el Santos. El equipo, avalado por la victoria en la liga y los dos triunfos cosechados en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA en un intervalo de menos de dos semanas, acude a esta cita tan repleto de moral como desprovisto de presión. “Para los futbolistas es una experiencia fantástica medirse con rivales de escuelas diferentes, contra los que nunca habían jugado. Nos motiva y nos da confianza”.

“Pero lo que no podemos esconder es que el Santos parte como favorito, por la calidad individual que tiene. El Monterrey también la tenía, pero, sinceramente, creo que en algunas declaraciones ellos menospreciaron un poco a nuestro equipo, y yo lo utilicé para motivar a nuestros hombres”, revela Nelsinho, que no espera nada parecido por parte del Santos. “Muricy no solo sabe mucho de fútbol, sino que siempre se preocupa de exigir seriedad. Seguro que nos ha estudiado mucho, y estará con el equipo listo para el desafío”. Al fin y al cabo, hay cosas que no cambian ni siquiera después de 40 años. “Conozco a Muricy y su carácter demasiado bien como para pensar lo contrario”.