Tres hombres y un destino

A veces, parece que uno asiste al ballet. Uno, dos, tres. El balón recorre la cancha con un ritmo seductor. Cuatro, cinco, seis. Los jugadores se mueven con una sincronización casi perfecta. Siete, ocho, nueve... El rival, desconcertado, corre y persigue sombras, sin acertar a comprender muy bien lo que sucede ante sus ojos. Hasta que es demasiado tarde. La pelota mueve la red. El marcador cambia. Una vez más.

No hablamos de un equipo, sino de una filosofía de juego que combina belleza y efectividad. Aunque, sí, se corresponde con tres equipos cuya imagen, probablemente, ya haya acudido a su mente. Es la idea que defienden Luis Enrique, Josep Guardiola y Jorge Sampaoli. Los tres finalistas al premio Entrenador Mundial de la FIFA de Fútbol Masculino 2015.

¿Cuál es el secreto de su éxito? ¿Qué los diferencia? Para responder esas preguntas, FIFA.comse acercó a Juan Manuel Lillo, uno de los pioneros conceptuales de este estilo de juego y que, además, puede presumir de un conocimiento profundo e íntimo de los tres involucrados. “Recorren caminos paralelos”, adelanta el veterano entrenador antes de desgranar su análisis de los implicados.

Viejos y nuevos conocidos Año 1996. El Barcelona enfrentaba al modesto Oviedo en el Estadio Carlos Tartiere. Lo que se anunciaba como un paseo terminó en una batalla, en la que los catalanes resultaron ganadores (4-2) a base de coraje y sufrimiento. El rival fue tan valiente que un Pep Guardiola, todavía vestido de corto, se acercó admirado al vestidor para conocer al atrevido técnico que planteó un partido de igual a igual. Su nombre era Juan Manuel Lillo, y ahí se inició una amistad que cambiaría el mundo del futbol.

“Con Pep me une un enorme afecto. Cuando veo en lo que se ha convertido me lleno de orgullo”, declara el ex entrenador de Real Sociedad, Millonarios de Colombia o el Dorados de Sinaloa mexicano. “Ha dirigido a grandes jugadores, tanto en el Barcelona como en el Bayern, pero la estructura y la organización de juego que implementa hace que multipliquen sus capacidades y posibilidades de asociación. Ha hecho que los muy buenos sean incluso mejores”.

Aquel memorable partido también lo jugó otro de nuestros protagonistas. Luis Enrique anotó dos goles ese día. “A Lucho lo conozco menos”, reconoce Lillo, “pero he seguido su trabajo y lo que ha conseguido con el Barcelona, en la idea de tener quizá los partidos menos controlados, pero tener el marcador controlado. En algunos casos dejando desconectados a los tres delanteros, con el conocimiento de que el medio campo, encabezado por Andrés Iniesta, les permitirá generar esas ocasiones de gol. Son contundentes en el juego y aún más en el resultado”.

Para encontrar la conexión con Jorge Sampaoli no hace falta rebobinar tanto. Desde septiembre pasado, Lillo forma parte del cuerpo técnico del entrenador ganador de la Copa América 2015 con Chile. “Uno de sus grandes méritos es que no puede trabajar todos los días con sus jugadores, así que tiene muy bien construido el aprovechamiento máximo de los entrenamientos. Hace un gran trabajo previo y deja condensado lo más importante para derrotar al rival en una especie de “papilla” que da a sus jugadores. Así sus futbolistas pueden entenderlo en el menor tiempo posible”.

Filosofía común La voz autorizada de Juan Manuel Lillo deja perfilados los méritos individualizados de los candidatos al premio Entrenador Mundial de la FIFA de Fútbol Masculino 2015. Pero, ¿a qué se refería cuando consideraba que sus caminos son similares? “Hay un patrón común. Los tres gustan de jugar en el suelo, más que en el aire. Creen que tener la pelota y que el equipo se maneje en un espacio reducido permite un orden y una estabilidad para que los partidos se den como los diseñaron de antemano”.

Y aunque los títulos han floreado generosamente a este trío en el año recién finalizado, para Lillo, los éxitos no fueron la aportación más grande de estos técnicos al mundo del fútbol en 2015. Ligas de Campeones de la UEFA, Copas Mundiales de Clubes de la FIFA o Copas América están en segundo plano. Lo importante fue el modo de conseguirlos.

“Veámoslo así, si Alexis llega a fallar el penal contra Argentina en la final de la Copa América, ¿qué hubiera pasado? Quizá no estaríamos hablando de esto. Para mí, el proceso sería igual de bueno, para otros quizá no. Hay que evaluar cómo se dieron las cosas, en lugar de busca la explicación constante basada en el éxito o el fracaso”, defiende con convencimiento.

“Eso es muy importante, y es lo más destacado de los tres”, profundiza el técnico de 50 años, elaborando la idea con finura, antes de rematar a gol, como lo harían Bayern, Barça o La Roja. “Se trata de aumentar el índice de probabilidad de ganar en los partidos y no jugar sólo a la posibilidad de ganar. Reducir la acción del azar en lo posible. Porque al final no hay más que eso. Este juego es para ganarlo por el camino más corto. Si repasas la historia, siempre han ganado los que jugaron mejor. Y los que juegan mejor son los que buscan siempre la victoria”.

Jugar para ganar. Y ganan los mejores. Difícil dilema se planteará pues en la Gala de FIFA Ballon d’Or para saber quién el mejor de estos tres ganadores de los banquillos de 2015.