Sasha Gigliani: de la cancha a la pasarela rompiendo moldes

  • La delantera de Vélez participa en concursos de belleza

  • Aspira a jugar en la selección y emigrar al exterior

  • Su mayor objetivo: potenciar al fútbol femenino

Cuando Sasha Gigliani llegó a La Paz como Miss Argentina para competir en la elección de la Reina Hispanoamericana Internacional 2020, lo hizo con una pelota debajo del brazo.

Sus competidoras la miraron extrañadas. A la delantera de Vélez Sarsfield no le preocupó: a los 26 años, sabe lidiar con cualquier prejuicio.

“Todavía hay gente que, por ser futbolista, te tilda de ‘marimacho’ o poco femenina. También están los que rotulan a las modelos de superficiales, o que solo saben ser lindas. Yo no soy nada de eso”, avisa a FIFA.com.

“Soy futbolista y modelo, y no por eso menos mujer. No sólo hago ambas cosas, sino que aspiro a que el modelaje ayude a potenciar el fútbol femenino en general”, agrega decidida.

Ahora, si aparece un genio y le conceda un deseo, Gigliani no duda: “Llegar lejos en el fútbol. Es más, desearía ser la mejor jugadora del mundo”.

El amor incondicional por la pelota

Sasha se enamoró del juego gracias a su abuelo Faustino, canchero de un club en su Saladillo natal, una ciudad agrícola ganadera a 180 kilómetros de la Capital Federal.

“Tenía 6 años y me llevaba cuando cortaba el pasto, pero yo veía a los chicos y quería jugar. Me aceptó y me dijo que lo bueno de empezar tan chica era que iba a aprender mucho. Todavía me aconseja”.

Jugó con varones hasta que el propio Faustino formó el primer equipo femenino de la ciudad. “Algunos lo criticaron, pero a él no le importó. Eso también me sirvió”, resalta orgullosa.

Sasha, que había empezado de 7 “porque era muy rápida”, creció hasta convertirse en una de las más altas, y encontró su posición. “Por el físico, pero también porque podía pivotear y jugar a un toque, me pusieron de 9. Y fui goleadora varia veces”.

De niña también le gustaba la actuación, aunque al desarrollarse encontró algo que le interesaba más: los concursos de belleza.

“La elección de la Reina del Carnaval era popular, y me iba bien. A los 15 me postulé para Reina de Saladillo, y a los 18 comencé el camino de Miss Argentina”, sintetiza.

Sin embargo, aclara dos cosas. “Para mi la belleza siempre fue más allá de lo físico, la mujer tiene otras aptitudes, como estudiar y trabajar. ¡Y jamás pensé en largar el fútbol!”.

Caminos que se unen

A los 19, justamente, se marchó a estudiar a la Universidad de Buenos Aires, “sabiendo que allí había fútbol femenino, y que sino algún otro equipo iba a aparecer”.

Probó la Tecnicatura en Comunicación Multimedia, primero, y Relaciones Púbicas, después, “cuando me di cuenta que quería ser embajadora deportiva”. Para ese entonces ya jugaba en Vélez Sarsfield, aunque el club no competía oficialmente.

Mientras Vélez arrancaba a competir en tercera división, Gigliani seguía su camino a Miss Argentina y trabajaba para pagar cuentas. “Mi prioridad era y es el fútbol, pero hubo veces que llegué a entrenarme sacándome el maquillaje”, confiesa.

El proceso le reveló algo. “Lo del Miss y el marketing es una herramienta. Lo que nos hará crecer como futbolistas es el apoyo de las marcas, porque falta plata. Todas debemos tener una faceta así para, por ejemplo, manejarnos con los medios sin miedo”.

Ahí no acepta diferencias de sexo. “¿Quién le diría algo a Cristiano por las publicidades que hace? Nadie. ¿Por qué me lo dirían a mi?”, dice Gigliani, quien se identifica con Lindsey Holland, Alex Morgan y Milagros Menéndez.

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“Soy jugadora de Liga, pero trabajo todos los días para ser la 9 titular de Vélez, irme al exterior y jugar en la selección. A Beckham lo buscaban porque era buen jugador, no por su imagen nada más. Yo aspiro a algo parecido”, dice determinada.

Si bien reconoce que “un partido da más nervios que un desfile”, fue distinto cuando compitió como Miss Argentina Hispanoamericana. “Ahí representás a tu país y el cosquilleo es otro”.

Una situación que, sumada a lo de Argentina en la Copa Mundial Femenina de la FIFA Francia 2019, la ilusiona aún más con vestir la albiceleste, “aunque sea una vez y en el banco”.

“Demostraron que estamos a la altura. ¿Te imaginás lo que sería si, por decir, hubiera fútbol mixto en la escuela hasta los 12 años, o todas cobráramos un salario mínimo? Acá se puede lograr algo grande”.

Sasha sabe puede ser ejemplo para otras, pero le cuesta ver los estereotipos que rompe en su camino. “Lo que me gustaría hacer es más grande que yo, y no me siento abanderada de algo. Creo que me falta un montón para ser quién quiero ser”.

📸 Martín Olgiati