El papa, sacerdotes y la Clericus Cup

  • La Clericus Cup es un torneo de fútbol para clérigos del Vaticano y Roma

  • El padre David y el seminarista Mário hablan de ella con FIFA.com

  • El papa Francisco se reunió con varios jugadores y bendijo el trofeo

Los sacerdotes suelen pasar los sábados y domingos predicando sermones, administrando la comunión y oyendo confesiones.

Sin embargo, durante los últimos nueve fines de semana, hasta 359 faltaron repetidamente a esas tareas… ¡para jugar al fútbol! Y en el centro mismo de la Iglesia católica.

Pero que nadie se preocupe: esos sacerdotes y seminaristas contaban con la dispensa de su jefe. Su jefe principal, el máximo. Un hombre que se crio dándole patadas a un balón en las calles de Buenos Aires, vestido con una camiseta de San Lorenzo. Nada menos que su santidad el papa Francisco.

La Clericus Cup —un torneo entre equipos de once jugadores para clérigos del Vaticano y los pontificios colegios de Roma— acaba de alcanzar su 13ª edición, en la que participaron jugadores de 67 nacionalidades.

“Han sido unos fines de semana muy distintos a los habituales para mí”, dijo riéndose a FIFA.com el padre David Palatino. “A mí siempre me ha encantado el fútbol”.

“Empecé a ir al Estádio da Luz de muy niño. Tenía un abono de temporada del Benfica. Me encantaba ver a João Pinto y a Rui Costa, eran mis ídolos, así que quería ser futbolista”.

“No me llevaban mucho a la iglesia, soy de una familia de futbolistas. Mi padre era entrenador. Mi hermano Marco jugaba en la tercera división portuguesa. Fue en torno a los 19 años cuando decidí que quería ser sacerdote, y a los 21 ingresé en el seminario”, recuerda.

“Ser sacerdote implica mucho trabajo y estudio, así que la Clericus Cup es una experiencia maravillosa para todos nosotros. El deporte es importante para escapar de la rutina habitual, para despejar la cabeza en un entorno tranquilo y relajado, y también para hacer amistades”.

“¡Y tengo que admitir que de lo que más hablábamos los sacerdotes era de la Clericus Cup! Nos aportaba ese entusiasmo, y también el nerviosismo de saber si íbamos a estar o no en el once inicial”, señala.

“Y en la Clericus Cup no estaban solo los sacerdotes que participaban, había más gente: otros sacerdotes, rectores y monjas, que disfrutaban viendo los partidos y animándonos. Hasta vinieron a ver partidos algunos amigos míos de Portugal”.

Y esos amigos vieron al padre David, centrocampista polivalente, marcar de un potentísimo disparo en la derrota por 2-1 de Alleanza Luso-Brasiliana ante San Guanella e Amici, futuro medallista de bronce. Su equipo, formado por jugadores de Brasil y Portugal, se quedó así a las puertas de alcanzar la fase de eliminatorias.

Un conjunto que sí lo hizo, como se esperaba, fue el Pontificio Collegio Urbano, que se plantó sin complicaciones en su sexta final consecutiva.

En el choque por el título, y con jugadores de nueve naciones africanas, además del surcoreano Lee, dos tantos del senegalés Badji y otro del sudafricano Ndlovu le dieron una victoria por 3-0 sobre el Sedes Sapientiae, con el Vaticano como telón de fondo.

El equipo de los seminaristas de la incomparable colina del Janículo de Roma se convirtió así en el primer cuádruple campeón de la Clericus Cup, adelantando en el palmarés a Redemptoris Mater.

“Es fantástico que hayamos ganado”, dice el defensor angoleño Mário Pacheco a FIFA.com. “El año pasado perdimos la final en los penales”.

“Ha sido una campaña muy difícil, tuvimos que superar a muchos rivales complicados, pero lo conseguimos. La Clericus Cup se disputa en un ambiente estupendo, todo el mundo hace amigos”.

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Y los integrantes de los 16 equipos participantes tuvieron una recompensa muy especial: saludar al propio papa Francisco en la Plaza de San Pedro.

“Fue una experiencia increíble”, confiesa Mário. “Voy a recordarla toda la vida”.

Y el padre David añadió: “Resultó especialmente agradable, por ser algo casi informal. Él sonreía y se reía. Habló con nosotros de fútbol, nos firmó balones y camisetas, ¡hasta le dio una patada a un balón!”.

Y que alguien de 82 años efectuase un disparo con un balón que antes había bendecido él mismo fue sin duda un amén muy apropiado para la fascinante Clericus Cup.