El Buitre sobrevoló Querétaro

No sólo fue una de las grandes goleadas de la Copa Mundial de la FIFA 1986™. El 5-1 de España a Dinamarca también fue uno de esos partidos que marcan a sus protagonistas.

A Emilio Butragueño porque, gracias a sus cuatro goles, esa tarde en Querétaro el mundo descubrió al líder de una de las generaciones más interesantes del fútbol español previo a la su era dorada. A Michael Laudrup porque encadenó su segundo fracaso ante una selección española que sería su bestia negra particular en los grandes torneos. Y a Andoni Zubizarreta porque aquel partido de octavos de final significó mucho para un arquero que había llegado a México para disputar su primer Mundial con una difícil papeleta: relevar a Luis Arconada.

“Era mi primera gran competición internacional, con las dificultades y la responsabilidad que conlleva siempre un Mundial. Y además yendo después de un mito como Luis, así que fue un reto doble”.

Cuando se cumplen 30 años del partido disputado en un abarrotado Estado Corregidora un 18 de junio de 1986, Zubizarreta se une a FIFA.com para hacer un ejercicio de memoria.

“Dinamarca era un equipo muy fresco, rápido y alegre para ver. Un equipo muy bonito que tenía unas expectativas muy altas y que mezclaba jugadores veteranos con otros muy jóvenes y con mucho talento tipo Laudrup”, analiza. Los daneses, de hecho, habían sido una de las sensaciones de la fase de grupos, donde vencieron por la mínima a Escocia (0-1), golearon a Uruguay (6-1) y ganaron con solvencia a Alemania (2-0). “Nosotros veníamos de ganar a Irlanda del Norte y Argelia (y de perder por la mínima con Brasil) y, como siempre, con las dudas de si al llegar las eliminatorias estaríamos al nivel o no”.

España, una vez más la 'bestia negra' A fin de cuentas, desde aquel lejano cuarto puesto la edición de 1950, la historia de España en los Mundiales se contaba por ausencias o adioses casi a las primeras de cambio.

Y quizás cuando menos se esperaba, el equipo dio un golpe encima de la mesa, aunque Zubizarreta advierte: “Por el resultado da la impresión de que es un partido que dominamos del minuto 1 al 90, pero el que vea las imágenes se dará cuenta de que fue muchísimo más igualado de lo que dice el marcador. De hecho, ¡en la segunda parte a la defensa y a mí nos tocó trabajar mucho!”.

Dinamarca se adelantó gracias al penal que Jesper Olsen le marcó a Zubizarreta en el 33’, pero apenas diez minutos después el defensor sería el desafortunado protagonista de una mala cesión al arquero que Butragueño aprovecharía para empatar y dar inicio a su recital.

“Creo que en esa jugada del 1-1 a ellos les vino el recuerdo de las semifinales de la Eurocopa del 84, un partido que dominaron y en el que tuvieron muchas ocasiones, pero aguantamos bien, llegamos a los penaltis y les ganamos. Así que les imagino pensando ‘otra vez estos tíos, después de haberles dominado…’”, recuerda entre risas.

Muchos de los españoles y daneses presentes ese día en Querétaro, entre ellos el propio Zubizarreta, se verían nuevamente las caras en la Eurocopa del 88 y las eliminatorias al Mundial del 94… y la moneda siempre cayó del lado hispano.

“Jugaban muy bien al fútbol, pero no eran un equipo hecho para conservar un resultado o defender, y ese ida y vuelta a nosotros nos venía bien”, reflexiona el ex arquero, quien habló mucho del tema con Laudrup durante la época en que ambos coincidieron en el Barcelona. “Me decía que éramos unos pesados, que siempre aparecíamos por ahí para fastidiarles los torneos y mandarlos a casa”.

El 'Buitre' en estado puro En Querétaro, Zubizarreta y su defensa se las apañaron para maniatar los rápidos ataques daneses y Butragueño hizo el resto. “Emilio siempre tenía la capacidad de aparecer en los días importantes. Ese día hizo goles de varios tipos: de pillo, como el primero, de colocación –como en el del córner que peinó Goicoechea en el primer palo-, de rematador puro… No sólo era un finalizador, sino un jugador completo. Y así lo pudo ver ese día el mundo del fútbol”.

Tras la goleada, Bélgica les esperaba en cuartos… y a lo lejos se divisaba a la Argentina de Maradona. “Entramos en esa fase de euforia en la que suele entrar mucho el fútbol español y casi se hablaba más de la posible semifinal con Argentina que de Bélgica”, se lamenta Zubizarreta. Y como suele pasar en estos casos, las cuentas no salieron.

“Tanto en los 90 minutos como en la prórroga, jugamos un partido para habernos clasificado. Los belgas se adelantaron y tuvimos muchas ocasiones, pero no empatamos casi hasta el final. Y en la prórroga no hicimos gol. Todo lo que entró el día de Dinamarca, ante Bélgica no lo hizo”, dice, casi encogiéndose de hombros. Llegó entonces su primera tanda de penales con España, en la que no pudo parar ninguno, y tocó hacer las maletas. “Se nos quedó la sensación de que estábamos en situación para meternos en semifinales, y a partir de ahí discutirle a Argentina la final”.

Pese a todo, 30 años después prevalece lo positivo. “Para nosotros ir a un Mundial era una fiesta”, reconoce. Y en su caso, la fiesta se repetiría, con distintas suertes, tres veces más.