Diego Giustozzi: "A 'Mati' le dije hace cinco años que volvería a ganar el Mundial"

  • Argentina buscará este domingo su segundo título consecutivo

  • Giustozzi fue el entrenador campeón en 2016 con Matías Lucuix de ayudante

  • "Si no hubiera estado seguro que Matías me iba a mejorar, no me habría ido", dijo a FIFA.com

Minutos antes de que el balón comience a rodar en la final de la Copa Mundial de Futsal de la FIFA, en las gradas del Kaunas Arena habrá alguien que no sabrá donde meterse. "Tendré un nudo en el estómago, no podré parar de moverme", le cuenta a FIFA.com.

Dos días antes, habrá tomado un vuelo desde Murcia para acompañar a sus amigos, a sus hermanos, en esta gran final. Vivirá la previa con ellos, como un hincha más, pero manteniendo la distancia para no sentirse una molestia. Les hará sentirse mucho más acompañados porque su sola presencia aporta confianza y tranquilidad a todos y cada uno de los miembros de la delegación argentina.

Hablamos de Diego Giustozzi, el entrenador que llevó a Argentina a la Copa Mundial de 2016 y uno de los principales arquitectos de su evolución, que ahora con su "hermano pequeño" Matías Lucuix al frente, buscan seguir su legado de la mejor manera. Diego habló con FIFA.com de sus nervios antes de la final, toda esta evolución del equipo, su especial relación con ‘'Mati’' y lo que espera de la final.

FIFA.com: ¿Cómo estás viviendo la Copa Mundial desde casa?

Diego Giustozzi: Estoy volviendo a mis raíces, estoy en ese 99% de los argentinos hinchas y quiero y me gusta vivirlo así. Sufro un poco más de la cuenta ya que armé todo el cuerpo técnico; crecí con los jugadores y dirigentes.... Me siento parte de ello.

Estuviste en la grada en Kaunas en el partido de cuartos ante la RFU y no lo pasaste muy bien…

Por suerte me pude desahogar porque al menos podía gritar a los jugadores, dentro de la cancha estaba vivo… Se que es anormal, cualquier ex seleccionador debería estar en el palco con traje y corbata, pero yo no puedo… La gente no lo entiende, pero es que hace 8-10 años todo esto era inimaginable. Con muy poco llegar a tanto te hace perder la compostura y la normalidad.

¿Te sientes parte muy importante de esta evolución de Argentina?

[Reflexiona] Siento una pequeña parte. Cuando llegué jamás pensé en mi beneficio personal, solo en que teníamos que acertar, trabajar en los lugares puntuales. Siempre soñé devolverle a mi país lo que me dio y creo que cumplimos mucho más de lo que nos hubiésemos imaginado. Me siento parte del pasado, hoy los protagonistas son otros. Mi función es alentarlos y el miedo a que no les vaya bien me hace vivirlo con esta intensidad.

Se nota una relación casi familiar…

¡Claro! Matías es como mi hermano menor. Crecimos juntos, vivimos las mismas experiencias… Sé lo que los jugadores vivieron, lo maravilloso de jugar en la selección y también cuando las cosas no salían. Formar a los Lucas Bolo, a los [Sebastián] Corso, a los [Nico] Sarmiento, [Ángel] Claudino… y muchos chicos que con nosotros eran juveniles… Me siento como el hermano mayor. Siempre intenté mantener las distancias, pero tengo un cariño por todos que a veces me nubla y me hace perder la cordura.

¿Al llegar a la selección sabías que había una buena base, pero faltaba trabajo?

Sabía todas las cosas buenas de la etapa de Fernando Larrañaga y dónde y cómo podíamos mejorar. Ahí hubo patas de la mesa que no podían faltar porque se habría caído. Encontré un ambiente limpio y sano, no tuve que destruir para volver a construir, sino hubiera sido imposible lograr en cinco años lo que hicimos. Cuatro patas: metodología, juveniles, competencia interna y empatía. Hacen que hoy Argentina siga creciendo gane o pierda la final. Esta selección contagia, arrastra y emociona…

Nadie entiende porque Maxi Rescia llega un metro antes que Ferrao a la pelota [en referencia a la semifinal del miércoles] y yo sí. Cuando trabajas en confianza, con lealtad, compañerismo… todo es posible. Esa es una de nuestras grandes virtudes. Detrás hay muchas cosas que se toman como banales, pero te aseguro que no lo son. Por eso Argentina supera a grandes potencias.

Matías Lucuix comentaba hace unos días que era inevitable seguir con lo que habías dejado hace unos años…

[Suspira] También yo soy parte de ellos… A mí no me gusta poner el foco en el yo encima del nosotros y menos ahora que estamos ganando. Era imposible que esta selección tuviera mi sello sin gente que tenga el corazón como lo tengo yo. Creo que todos están elegidos por un motivo. Matías está elegido no porque nos diera lástima por su grave lesión, sino porque tiene la conexión, el corazón y la honestidad que queríamos. Lo mismo con el staff técnico y los jugadores. Yo soy una pequeña parte y en mi momento traté de aportar y dejar algo para que el que viniera detrás lo siguiera y mejorara.

¿Estabas seguro entonces de que Matías iba a seguir mejorando lo que habías construido?

Te lo digo totalmente claro: Si no hubiera estado seguro, no me habría ido. Con lo que había construido y lo que habíamos ganado sentí que mi trabajo estaba hecho y me fui porque tenía una tranquilidad absoluta. Matías me decía que le había dejado una patata caliente, que tenía mucha presión porque era muy difícil seguir y se lo dije claramente: ‘Quédate tranquilo Mati, que vas a volver a salir campeón de Mundo’. Se lo dije hace cinco años y se lo dije hace un año… Pero esto no significa solo volver a levantar la copa. Argentina ya ganó. No podemos levantar los pies del suelo ni olvidar lo que éramos y todo lo que ha cambiado estos años.

¿Cómo es tu relación con Matías desde que jugasteis juntos en el Mundial 2008, su llegada a España, el título en 2016 y hoy en día?

Mi hermano pequeño. El primer día que lo conocí en la selección le apadriné, le dije ‘vení conmigo’. Tengo muchas conversaciones importantes en su vida. Su llegada a España, sus dudas en venir a la selección, sus comienzos de entrenador… Me acuerdo mucho las llamadas por teléfono de Argentina a España para hacerle entender que no se entrena con libros, ordenadores o pizarras, se entrena con el corazón o cuando dejó de jugar y le pedía que fuera entrenador, que viniera a trabajar conmigo, que la vida seguía... Creo en la gente con el corazón grande, honestidad y lealtad y así se lo dije: ‘Mati, ven que yo me voy a ir y vos te vas a quedar’. Y por suerte pasó.

Ya en Lituania, ¿cómo vas a vivir esa previa a la final? ¿Volverás a ponerte la camiseta de Argentina con el 4?

Te voy a contar una historia sobre esa camiseta. Me la regaló Mauro Taffarel, un jugador que siempre jugó en Argentina y salió campeón de América con nosotros. Antes del Mundial de 2016, el único que podría haber jugado, lo tuve que dejar fuera de la selección en la última convocatoria y así todo me regaló su camiseta… [suspira] Imagínate lo que me supone. Es de lo más importante que tengo y me llena de orgullo más que los títulos… '¿Cómo lo voy a vivir?' [risas] ¡Igual que el otro día, no puedo vivirlo de otra! Un nudo en el estómago, no poder parar de moverme…

¿Cuáles fueron las claves en la semifinal ante Brasil?

La capacidad de sufrimiento de Argentina. Por más que llegue con el escudo de campeón del mundo, el argentino sabe de sus limitaciones y es humilde. Sabíamos que había que sufrir, supimos hacerlo y realizamos un partido muy inteligente, con el convencimiento de que así ganaríamos. A Brasil no le puedes ganar jugándole de igual a igual y tenemos mucha confianza en nuestras armas: anulamos muy bien a Ferrao, juntamos muy bien las líneas y el partido se nos puso de cara.

¿Qué opinas de Portugal como rival en la final?

Es una referencia mundial y siempre estuvo en las peleas de Europeos y Mundiales. Le faltaba ese salto de calidad competitivo y mental que tanto Jorge Braz como la liga portuguesa le han ayudado a dar. Ya es una realidad que lo hace ser peligrosa, está acostumbrado a estos momentos. Tiene calidad técnica, capacidad táctica y dureza mental para competir en estas situaciones límites y nosotros tendremos que tirar de algo bueno que tenemos, sabemos adaptarnos al rival.

¿Qué hay que temer de Portugal?

Lo más peligroso y lo que más me preocupa es esa mezcla de juventud y experiencia. Hay 4-5 jugadores acostumbrados a estos partidos como Bruno Coelho, Ricardinho… y después jóvenes que juegan con desparpajo, alegría y que saben improvisar. Manejan los tiempos del partido y llegan extremadamente motivados por el aliciente de revancha del anterior Mundial. Va a ser un partido durísimo, pero Argentina es capaz de dominar los partidos mentalmente y llevarlos a su terreno. Vamos a ver un gran espectáculo, son las dos selecciones que están tomando el relevo como referencias mundiales.

¿Has pensado que harás si el domingo este grupo, esta familia tuya, levanta su segunda Copa Mundial?

No sé qué sería capaz de hacer… Se me pone la piel de gallina de pensarlo. Felicidad, mucho orgullo y tranquilidad. Tomé una decisión difícil al irme del equipo y que todo siga igual me da mucha paz interior. Toda esta mezcla de sensaciones explotará, no sé si de emoción, de alegría… Pero ver abrazarse a todos los jugadores y a todo el cuerpo técnico puede ser algo realmente único.

Diego Giustozzi the coach of Argentina is seen with the winners trophy