Belauste y el grito de furia que inspiró a un país

Hay jugadores que no necesitan de muchos partidos, goles o títulos para quedar en la historia del fútbol. A veces basta un instante, un simple gesto… o un grito.

“¡A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo!” Más allá de si ésas fueron o no las palabras exactas –algunas versiones difieren–, lo cierto es que Sabino Bilbao escuchó a su capitán, lanzó el balón bombeado y José María Belausteguigoitia Laudaluce, Belauste, entró “como una tromba por entre los contrarios”, armado con su 1’93m de altura y sus más de 90 kilos de peso. Así lo describe el periodista Manuel de Castro alias Hándicap, único cronista español presente aquella tarde de 1920 en Antwerp, donde también ofició de sorprendente linier.

Belauste abrió la defensa sueca, cabeceó la pelota, y del ímpetu acabaron en la portería la pelota, el arquero y tres defensores suecos… y el propio Belauste. España empataba así un partido que terminaría ganando con un gol de Domingo Gómez Acedo (2-1) y que permitiría al equipo dar un paso más hacia la medalla de plata que la selección conquistó en su debut internacional, en los Juegos Olímpicos de Amberes.

De hecho, ese duelo ante Suecia del 1 de septiembre de 1920 fue tan sólo el tercer partido oficial en la historia de la selección española, que había debutado sólo 4 días antes frente a Dinamarca, también con el mediocampista vasco como capitán.

El origen de la "furia española" A Belauste le corresponde, pues, el honor de haber sido el primer capitán de la historia de España. Un capitán que sólo lo fue tres veces… pero simplemente porque sólo jugó tres partidos. En aquellos tiempos de predominio del amateurismo, campos embarrados y fútbol de pierna fuerte, al término de un partido a veces los jugadores parecían venir de una batalla campal más que de 90 minutos de juego. Y la Olimpiada de Amberes no fue una excepción, con el agravante de que España disputó sus 5 partidos en apenas una semana.

Así que, por mucho que Belauste quizás tuviera más porte de luchador o de jugador de rugby que de fútbol y no rehuyera el fútbol de contacto, en más de un partido acabó con tantos golpes de cintura hacia abajo que no pudo disputar el duelo del día siguiente.

Y probablemente uno de los partidos olímpicos en los que el capitán causó baja fuera el que se jugó tras tomarse la foto de arriba. De ahí que Belauste sustituyera su habitual pañuelo anudado en la cabeza, como el que luce en la instantánea el mítico goleador ‘Pichichi’, compañero suyo en el Athletic de Bilbao, por un llamativo sombrero.

Inquietudes culturales y políticas Tres partidos bastaron al gigantón vasco para pasar a la historia del fútbol español. Fundamentalmente por su grito… y porque ese grito y esa jugada dieron origen al famoso apelativo de “la furia roja” con el que se conocería a la selección española durante décadas. Así, su exhibición de poderío ante Suecia llevó a la prensa belga a usar ese calificativo, que aludía a un episodio histórico protagonizado por las tropas españolas en el sXVII, cuando saquearon Flandes destruyendo todo a su paso.

Sin embargo, las apariencias engañan y, pese a su aspecto rudo, Belauste fue ante todo un hombre cultivado. Criado en el seno de una familia numerosa de clase acomodada –fue el pequeño de nueve hermanos- el jugador estudió derecho, profesión a la que se dedicaría tras colgar las botas en el Athletic en 1925, y se casó con Dolores Zuloaga, sobrina del famoso pintor vasco Ignacio Zuloaga.

Dotado de una gran inquietud cultural y artística, Belauste también se mostró muy activo políticamente, y pese a defender con ardor guerrero los colores de la selección española, su ideología, vinculada al nacionalismo vasco, le llevaría al exilio tras la Guerra Civil. El primer capitán de la Roja murió de cáncer a los 75 años en tierras mexicanas.

96 años después, España juega con menos 'furia' y más 'toque', pero en el recuerdo permanecen aquella plata olímpica en su debut y el grito con el que comenzó todo.